Dejá de describir tu alojamiento así: cómo diferenciarlo y no competir más por precio
- Leticia

- hace 1 día
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Si tu alojamiento recibe consultas, pero el precio siempre termina siendo conversación, el problema no es el mercado. Tampoco es la competencia. Y muchas veces, tampoco es el producto. El problema empieza antes: en cómo lo describís.
El error más común al describir un alojamiento
Cuando alguien pregunta qué es tu alojamiento, la respuesta suele sonar así:
“Es un departamento bien ubicado y totalmente equipado.”
“Es cómodo, luminoso y moderno.”
“Tiene todo lo necesario para una excelente estadía.”
Nada de eso está mal.
Pero nada de eso diferencia.
Son características básicas. Y lo básico habilita comparación.
Características no son posicionamiento
Ubicación, wifi, equipamiento, comodidad.
Eso no construye valor.
Eso construye paridad.
Cuando describís solo lo que tiene tu alojamiento, lo ubicás en la categoría “uno más”.
Y lo que es uno más: se compara, se negocia, se presiona en precio.
Por qué “bien ubicado y equipado” no diferencia
Porque hoy eso es lo mínimo esperado.
El huésped no paga por que tengas cocina.
Paga por cómo se siente usarla.
No paga por la cama.
Paga por el descanso que experimenta.
No paga por la ubicación.
Paga por lo que esa ubicación le permite vivir.
Si tu descripción no traduce características en experiencia,
el valor se diluye.

Cómo describir tu alojamiento de manera estratégica
Describir tu alojamiento mejor no es escribir más lindo.
Es cambiar el enfoque.
No se trata de listar características.
Se trata de construir posicionamiento.
Acá algunos ejemplos concretos.
Identidad: definí para quién es (y para quién no es)
No digas:
“Perfecto para todo tipo de huéspedes.”
En cambio decí:
“Pensado para viajeros que valoran el diseño, la calma y una experiencia cuidada.”
Cuando intentás atraer a todos, no conectás con nadie en particular.Cuando definís un perfil claro, elevás percepción y filtrás mejor.
Atraés al huésped correcto y reducís la negociación por precio.
Experiencia: describí cómo se vive
No digas:
“Departamento moderno y cómodo.”
En cambio decí:
“Un espacio diseñado para que llegues, dejes las cosas y sientas que todo está resuelto.”
Las personas no compran objetos. Compran sensaciones anticipadas.
Construís expectativa emocional, no comparación técnica.
Precio: sostené valor, no enumeres objetos
No digas: “Tiene Smart TV, cafetera y aire acondicionado.”
En cambio decí: “El estándar está pensado para quienes priorizan comodidad y coherencia en cada detalle.”
Listar objetos baja la conversación al plano técnico.Hablar de estándar la eleva al plano estratégico.
El precio se percibe como parte de una propuesta, no como suma de amenities.
Diferenciación: definí lo que no es
No digas: “Ofrecemos la mejor relación precio-calidad.”
En cambio decí: “No es para quien busca lo más barato. Es para quien busca consistencia.”
Marcar límites posiciona.Intentar justificar precio suele debilitar.
Filtrás mejor y aumentás autoridad.
Qué cambia cuando lo describís correctamente
Cuando la identidad está clara:
Atraés mejor perfil de huésped.
Reducís fricciones.
Justificás el precio sin explicarlo.
Elevás la percepción sin agregar inversión.
Porque el valor no se declara.
Se construye en coherencia.
En conclusión: el precio es consecuencia, no argumento
Muchos anfitriones creen que necesitan agregar amenities para cobrar mejor.
Pero muchas veces no falta inversión.
Falta definición.
No es lo que decís.
Es desde dónde lo definís.
Y cuando esa definición es estratégica,
el precio deja de ser discusión
y empieza a ser resultado.
Compartime tus dudas, comentarios y experiencias. ¡Me encantaría leerte!
¡Gracias por acompañarme en esta aventura! Nos leemos en la próxima.
Cariños
Leticia



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